domingo, 23 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
Tierra Mojada
LEONARDO YORIS
H A L O "una memoria perdida" (LLuvia-leo)

Caminaba por la noche pasiva y tuve una rara sensación.
Como un escalofrío que recorre todo mi cuerpo....
Y que me aproxima a una fortuita mala jugada del tiempo y del camino, me aproxima a un par de piernas torcidas que sobresalen de un arbusto, un cuerpo sin vida…
¿Realmente será un cuerpo sin vida?...o se tratará solo de una vision de mis ojos cansados, de mi cuerpo agotado, mi cerebro exhausto, de mi psique exprimida...empecé a sudar....
Entre mareos y raros pensamientos vacile en seguir, el miedo de un posible cadáver o una extraña locura emergía desde mis adentros, giré mi vista algunos grados y la vi ahí detrás, a unos 30mt , su hermosura sospechosa y su vestido ensangrentado me ofrecían una clara hipótesis de lo ocurrido, si es que ocurrió algo. ¡Era como un ángel mortal!, su macabra aura aterrorizaba el lugar, y vi, creo que un cuchillo en su mano izquierda...
Por un momento pensé en correr, huir de aquel lugar, pero me vi envuelto por los recuerdos de perdidas pasadas, de peleas que se repiten en mi mente tantas veces como se repite la muerte en un suicida, cerré mis ojos y al abrirlos me encontraba en un cuarto
Y allí se encontraba ella... con el vestido ensangrentado. Sentí que me mareaba...vomité...habían cabellos en mi cama y ella cual maniquí yacía calva...aún no sabía si muerta
Una horrible imagen. Trate de irme pero las paredes parecían alejarse. Su mirada intrínseca y fría me pulverizaba el alma, me observo y mi desnudez se mancha con un objeto metálico en mi mano izquierda, la daga punzo-mortal con restos del vestido de flores de Amanda, y claro mucha sangre y cabello.
Un recuerdo se me asoma y tomo mi rostro en señal de desesperación. Escucho pasos, ¿algunos pasos?, o ¿cientos de ellos?... no lo sé, ¡atormentan mi cabeza! Ella duerme como si no supiera lo que hizo, pagarás algún día esto.
Huía...o al menos pensaba que lo hacía. El vestido, las flores, ¿eran girasoles?, ¿eran margaritas? más recuerdos. ¡Si, eran margaritas! el olor del pasto, mis pies humedecidos por el rocío del alba...la luz del sol que me segaba...esa misma luz que bañaba sus hombros desnudos y le daba matices dorados, brillantes.... ¿Era realmente el sol lo que me segaba? ¿O era ella?...que se yo.....los pasos me alcanzaron, estaban justo detrás de mi, los escalofríos y el sudor ya jamás me abandonarían, era más fácil notarlo así desnudo como...desnuda se encontraba mi alma...Volví a despertar en la habitación....giré mi vista temiendo encontrarla, el cabello, el vestido, las flores, la sangre...
Pero nada vi... solo un cuarto inhóspito y una mente perturbada. Ella no estaba, pero ¿habría estado?, solo puedo recobrar imágenes sexuales y masoquistas, la cuchara y el fuego, su silueta vistiendo ese vestido, la maldecía por no comprender, por subestimar mi honestidad…pero nada más, ¡no recordaba nada más!, mucho menos porque aún tengo el cuchillo en mi mano pero esta vez completamente limpio. Ella no está, pero llegará…en cualquier momento llegará…
Escondí el cuchillo...sonó el teléfono....escuché ladridos lejanos, una sirena, una puta borracha gritando en la calle. Me asomé a la ventana, el teléfono seguía sonando.....no lo contesté....de repente vi las cicatrices. En mis muslos, en mi costado…algunas estaban aún sanando otras sangrando...quería salir de allí, pero ahora de verdad y no despertar de nuevo con la mente balbuceando imágenes. Volví a mirar mis cicatrices, seguía sin recordar. Me vestí. Unos jeans, un sweater de rayas…Amanda habría odiado ese atuendo. Por alguna extraña razón solo podía recordarla a ella...el vestido, el pasto, las mañanas… ¡Toda esa mierda, solo alimentaban mis lagunas mentales! Salí, no tenía ni un centavo, no sabía a dónde diablos ir…de nuevo la maldita extraña sensación se apodero de mis sentidos.
Al principio pensé que era el frío, creo que el sweater no fue suficiente, 4 grados...Me entretenía con el vaho producto de mi respiración, me recordaba el humo del cigarrillo emergiendo de su boca después de casi matarnos de placer...
Recordé las cicatrices...
Recordé como las obtuve...
Una risa macabra, unas cuerdas, una vela y una daga, la música estúpida, la cama, mis asesinos pensamientos y mi enérgico masoquismo. Continúe caminado... sentí que me miraba.
Su olor, ese olor tétrico a cabello quemado lo sentía tan fresco ¿Dónde está el utensilio de muerte? ¿Dónde está ella? ¿Dónde estoy yo?
Seguí mi rumbo sin destino, el frío congelaba la sangre y acentuaba el dolor, pero aun su retórico recuerdo me mataba poco a poco. ¿Qué hice?
Me reprochaba haberla perdido...pero ¿cómo habría podido ir más allá? Tanta sangre no me causaba ya placer...paré y ella no pudo... ¡PARA! y ella no me escuchó.... ¡BASTA!...y siguió...Se revolcaba en las manchas de sangre sobre la alfombra. Su imagen evocaba una criatura mítica maligna que se alimenta solo de carne y dolor humano. Rasgó su vestido... ¿corto sus cabellos? Se penetro con la daga....Volví a vomitar...pero seguí caminado.
El frío acrecentaba el dolor...o ¿el dolor me hacía sentir más frío? Más confusión .
Vi un claro en el bosque, estaba entrada la noche y la luna formaba un círculo perfecto en el cielo. Por macabra que pareciese, el ambiente estaba sereno. Con ganas de morir, la sangre que vomitaba estaba llena de culpa y violencia.
Drogas, Amanda y locura…dolor, mucho dolor.
Ya no percibía mi vaho....ni mis manos... ¿el corazón? nunca lo tuve. Se lo llevo, se lo trago…se masturbó con el...ya ni se...deseaba tanto un cigarrillo
por fin la vi....la sensación había desaparecido, lo supe porque volví a sentirla. A unos 30 mt ella, con su vestido de flores y los ríos de sangre que bajan por sus rodillas, detrás de mi unas piernas torcidas sobresaliendo de un arbusto.
Vi sus ojos, y su mirada me empuja hacia atrás.
Me llamaba, me seducía....no lo entendía.
Camina de manera perfecta, serena y maliciosamente empuñando el cuchillo, se acerca. El frío, el dolor, cerré los ojos, me atravesó, su cuerpo lo sentí como esas noches de sexo maldito: su calor, su olor, esa decadente sensación que me dejaba y se alejaba al salir por mi espalda. Tomó el cuerpo sin vida del arbusto, un cuerpo con jeans y sweater de rayas, más dos cicatrices horribles en un costado. Lo abrazó…me abrazó. Yo solo observé
Ahora no sé donde estoy
Amanda...ahora no sé donde estoy....
despertaré...
Sobrevivir

Polonia, 30 de septiembre 1939.
Veía la sensación que recorría su miraba cuando cumplía su labor, el desenfrenado arranque de ira y culpa bien disimulada, sus ojos completamente serenos y fríos, me confundía pero igual nos sentíamos intimidados y muy asustados, los ruidos, los lamentos, cubrían la atmósfera, te hacían sentir una horrible sensación, cuando él se acercaba a su objetivo junto a sus compañeros, todo se ponía en silencio, algunos lloraban otros reían, su actitud de líder hacía temblar a nuestra gente, pero no a mí, en eso me miró directamente y un frío de muerte recorrió por toda mi columna vertebral, fueron solo por 3 segundos, suficientes para comenzar a observar una tímida resignación , baje la cabeza y comencé a rezar. Él buscaba algo, se acercó y levantó su mano y uno de sus compañeros toma a un chico y se lo lleva a fuera, el asintió y sigue con la avanzada, cuando estaba cerca de mí un disparo a lo lejos le hizo tragar saliva, el lamento de la madre era desconcertante, que mala suerte es vivir en esta época pensé, continuo y sus grandes botas negras se pararon frente a mí, hizo que me levantara, pero no lo vi a los ojos, una explosión retumbo el lugar y destrozo las paredes , desperté unos minutos después con un terrible dolor en mi espalda, muchos habían muertos, lo busqué y lo vi cerca de mi mal herido, esta vez sus ojos pedían la paz pedían la muerte, tal vez por culpa o remordimiento, el comenzó a llorar, me ofreció su cuchillo y su esvástica después de desnudarlo y colocarme su uniforme, antes de escapar noté que en los bolsillos manchados de su chaqueta estaba su documentación polaca y un dije de estrella . Comprendí como sería ahora mi terrible destino.
Amo la Oscuridad
Leonardo Yoris
Guerra
Un ruido.
Todas las sonrisas, ella atravesando desnuda mi cuarto, o discutiendo por no lavarme los pies antes de acostarme, la suave sensación de su cuerpo, el vicio del café por las tardes, el montar bicicletas con mi hija, besar su frente después de un regaño, la emoción que sentía al despertarse a mi lado. Mi madre planchando mis camisas de escuela , mi padre con su bigote y su mochila del trabajo, mi hermana y sus granos, los amigos de escuela con los cuales fumé mi primer cigarro, mi abuela tejiendo , la música de Robert Plant, mis libros, mis películas, las tardes de futbol, las derrotas, los despechos, las pastillas, las borracheras, los accidentes, la moda, las colecciones y vuelven ellas otra vez, mis más preciados tesoros, cómo me rogaste que no viniera a esta que no es mi guerra, cómo lo siento…me arrepiento no haber pensado en esto antes , lo pude entender justo ahora, en el preciso instante cuando la trayectoria de la bala enemiga está a punto de llegar.
Silencio.
Leonardo Yoris
